MILHOJAS/ Lic. Claudia Presno
En las últimas semanas hemos estado seriamente afectados en la capital departamental por las inundaciones, que han afectado a unas 1.000 personas, entre evacuadas y auto-evacuadas.
No es un tema que desconozcamos en San José de Mayo, ya que lamentablemente en 2016 también nuestra ciudad sufrió las inundaciones, pero esta vez fueron más grandes incluso que las de 1966, según datos oficiales.
Hoy estamos saliendo de esta peripecia con muchísimo esfuerzo de parte de la comunidad toda: autoridades, organizaciones sociales, centros educativos, periodistas, voluntarios… deseando que cesen las lluvias y que el río San José deje de crecer… Hemos pasado por alertas meteorológicas (roja, naranja y amarilla) y esta situación críticaque también está viviendo, en mayor o menor medida, el país entero, hace que estemos pendientes de las necesidades y ayudas posibles.
He participado de varias campañas sociales y soy testigo de la solidaridad de nuestra ciudad y también de la empatía con aquellos que han perdido muchas de sus pertenencias a causa del agua y que están angustiados por encontrarse fuera de su hogar.
He visto camiones ir y venir con ropa, alimentos no perecederos, productos de limpieza, camas, colchones, moisés, frazadas y mantas… personas bajarse a los refugios descalzas, mojadas y con cara de susto… paredes y pisos sucios de agua y barro… También he visto gente dispuesta a ayudar, que hasta pone música o entrega caramelos a los niños para que se sientan mejor; voluntarios que van a jugar con los más pequeños, a los que he visto dibujar nubes con lluvia como forma de manifestarse…
Y todas estas situaciones, vividas a flor de piel, me estremecen y me interpelan porque tienen que existir soluciones más concretas para que esto no nos vuelva a suceder. La naturaleza se está expresando de forma muy ruda y tenemos que conseguir soluciones eficaces para que las familias afectadas mejoren su calidad de vida.
Una vez que esta situación se calme, tendremos que pensar juntos en posibilidades reales de cambio para estas familias, que también van a tener que tomar conciencia de que en las zonas inundables no deberían construirse viviendas.
Ojalá que las autoridades y la comunidad toda puedan avizorar soluciones concretas que al menos vayan dando pasos para que esta compleja situación no se vuelva a repetir. Podrían ser traslados a lugares que no se inunden, transformar los espacios inundables en paseos públicos para que la gente no se instale a vivir allí, como han sugerido algunos profesionales, el dragado del río en mayor profundidad o alguna otra solución que, aunque lleve tiempo, se vaya haciendo.
Cuando veo la solidaridad de los maragatos me lleno de admiración y orgullo por estar en un lugar donde elegí vivir con mi familia. Gracias a todos los que han colaborado y fuerza para los más afectados por las inundaciones.



