Lic Claudia Presno/MILHOJAS
En estos días he tomado conciencia de que cuando se acercan las fiestas nos ponemos más sensibles y, mirando el entorno, hay un montón de situaciones dolorosas que pueden hacer que varias familias estén sufriendo por una pérdida reciente o por diferentes situaciones que las angustian y entristecen.
Pero también, siendo cristiana, me pongo a pensar en el verdadero sentido de la Navidad, que va más allá de una esperada reunión familiar o de los tan ansiados regalos para los niños. La Navidad, en definitiva, es la mayor demostración de amor que el mismo Dios nos regala y celebrarla es renovar nuestras esperanzas, más allá de las dificultades y obstáculos.
Porque la Vida siempre puede más. Porque Dios se nos presentó vulnerable en un pesebre, demostrando toda su humanidad, quien al mismo tiempo es verdadero Dios.
¿Cómo preparar el corazón en un tiempo en el que los cansancios nos aquejan, las energías son pocas y las preocupaciones suelen ser demasiadas?Estamos en un tiempo de Adviento que busca que sepamos esperar al Salvador con emoción y sorpresa. Que seamos como niños para admirarlo ahí pequeñito, en un pesebre, al cuidado de sus padres en la tierra.
Dios no se quedó en el cielo mirando lo que ocurría con los hombres, sino que, con toda su bondad, nos entrega una vez más a su hijo para que creamos en Él y demos fruto en abundancia.
A veces me siento tan impotente con sólo dos manos para poder ayudar a otros… pero esas manos pueden ser gran herramienta si se utilizan con sabiduría. Y si muchas manos se disponen al mismo tiempo, seguramente la ganancia sea mayor.
Ser agradecido, siempre. Luchar por los sueños, siempre. Seguir adelante con esperanza, siempre. Actuar siendo fiel a los valores que uno tiene, siempre. Cuidarse a uno mismo, siempre. Ayudar a los demás, siempre. Escuchar verdaderamente, siempre. Hacer el esfuerzo de perdonar, siempre. Disfrutar con alegría de las pequeñas pero grandes cosas de la Vida, junto a otros, siempre.
¡Feliz Navidad para todos!



