Milhojas/Por Lic Claudia Presno
Hace unos días participé de un concierto benéfico y quedé impactada con el director de orquesta. No por su aspecto físico ni por su manera de hablar, sino por la pasión con la que dirigía a los músicos y a los integrantes de un numeroso y armónico coro.
El tiempo parecía detenerse mientras miraba embelesada la pasión de esos brazos que se movían al son de la música y esas manos que se adelantaban a cada ritmo para guiarlo con habilidad y empatía. En una de las manos, el director tenía una varita que parecía mágica y portaba como un verdadero maestro.
Durante ese tiempo de música y canto, de gran nivel, por unos instantes mi mente quedó adormecida y mi conciencia se vio reflejada en aquel hombre apasionado que parecía disfrutar a pleno, atendiendo las partituras y a cada uno de sus músicos, pero con una concentración tal que parecíaque de a ratos se olvidaba del público, domando aquellas melodías:algunas suaves y otras más enérgicas.
Y pensaba que cuando uno descubre su vocación y la lleva ala práctica es fascinante; no se puede comparar con el poder ni con el dinero. Se llega auna plenitud tal, que estoy segura de que lo haría de igual manera, aunque no necesitase sustento.
Reflexionaba también que ojalá cada uno de nosotros, cualquier sea la edad, nos atrevamos a descubrir lo que realmente nos gusta y, con trabajo, esfuerzo y dedicación, podamos cumplir nuestros sueños. Esos que les pedimos tantas veces a nuestros niños que lleven adelante, pero si nos ven intentándolo en nuestra propia vida será para ellos mucho más fácil de aprender.
La pasión que me transmitió el director de orquesta, de espaldas y con los brazos danzando, tal cual un ave feliz, fue estupenda. Ojalá mis lectores y oyentes sientan lo mismo cuando me lean o escuchen… Ojalá mis alumnos lleguen a percibir, al menos en algún instante de alguna de mis clases, esa pasión melódica con la que me gusta enseñar, escuchar y, sobre todo, acompañar a mis estudiantes. Que mi pasión por educar, por gestionar, se vean reflejadas en mi vida diaria.
Ojalá, ojalá, ojalá… los grandes también tengamos siempre claro que los sueños son el principal motor para seguir andando, con actitud, voluntad, fe y esperanza.



